La reapertura está prevista en torno a 2026, coincidiendo con el centenario del inmueble. La idea es que el antiguo cine y sala de conciertos vuelva a encender sus luces como espacio para música, teatro, exposiciones, conferencias y otros formatos culturales en pleno centro de Madrid.
El edificio, obra de Secundino Zuazo e inaugurado en 1926, forma parte de la memoria urbana de la Gran Vía. Durante años fue un punto de encuentro para quienes acudían al cine, a conciertos o simplemente paseaban por una avenida donde los grandes edificios culturales marcaron el ritmo de la ciudad.
El proyecto de rehabilitación tomó impulso en 2020, cuando el Ayuntamiento aprobó la propuesta de la Fundación Montemadrid. Aquella reforma planteaba devolver al inmueble su vocación cultural, con una gran sala multiusos, espacios de restauración en la última planta y una nueva relación visual con la Gran Vía.
El proceso, sin embargo, ha sido largo y lleno de incertidumbre. Aunque la licencia de obras llegó a concederse, la adjudicación de la reforma seguía pendiente y la fundación estudiaba distintas fórmulas de gestión para hacer viable la recuperación del edificio.
El cambio más reciente llegó con la venta del Palacio de la Música al grupo inversor suizo Zephyros. El nuevo propietario ha anunciado una renovación profunda durante los próximos tres años, con la intención de convertir el espacio en un centro cultural de nueva generación sin borrar su valor histórico y arquitectónico.
El plan contempla un auditorio principal con tecnología avanzada para conciertos y espectáculos, una sala multiusos en la planta superior para eventos y restauración, y una apertura hacia la avenida mediante un cierre acristalado en la balaustrada. La combinación de cultura y usos complementarios busca sostener la actividad del edificio a largo plazo.
El regreso del Palacio de la Música puede cambiar algo más que una fachada de la Gran Vía. Recuperar un edificio cerrado durante casi dos décadas significa devolver vida a un tramo clave del centro, sumar programación cultural y reconciliar a Madrid con uno de esos lugares que seguían presentes en la memoria, aunque llevaran años apagados.