La situación se agravó al coincidir temperaturas superiores a 30 grados, una humedad por debajo del 30% y rachas de viento de más de 30 kilómetros por hora. Esa combinación, conocida como regla del 30-30-30, favorece que las llamas se propaguen con rapidez y reduce el margen de actuación de los equipos de emergencia.
La superficie afectada pasó en pocas horas de unas 600 a alrededor de 6.000 hectáreas, mientras el número de evacuados y confinados superaba las 45.000 personas. Chapinería, Navas del Rey, Colmenar del Arroyo, Fresnedillas de la Oliva, Robledo de Chavela, Aldea del Fresno, Navalagamella y Zarzalejo figuran entre los municipios desalojados.
En Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, los vecinos permanecen confinados a la espera de que mejore la situación. Las restricciones han cortado carreteras, suspendido desplazamientos y alterado por completo la rutina de una zona muy frecuentada durante los fines de semana de verano.
Los bomberos explican que la dificultad no reside únicamente en la cantidad de medios desplegados. El frente principal avanza a tal velocidad y desprende tanto calor que resulta demasiado peligroso atacarlo directamente. Los trabajos se concentran en proteger viviendas, abrir zonas seguras y contener los flancos cuando el viento concede alguna oportunidad.
Los daños materiales ya son importantes. En El Encinar del Alberche se contabilizan 43 viviendas destruidas y cerca de 300 afectadas, mientras continúan las inspecciones en otras urbanizaciones. También preocupa la posibilidad de que el incendio procedente de Ávila se aproxime al frente madrileño y genere una emergencia todavía más extensa.
La magnitud del operativo ha llevado a numerosos efectivos a cancelar sus descansos y reforzar los turnos. Los profesionales señalan la acumulación de vegetación seca y la falta de mantenimiento en algunas zonas como elementos que han acelerado la propagación después de un invierno lluvioso y varias semanas de temperaturas extremas.
Las previsiones apuntan a la entrada de aire algo más fresco y húmedo, aunque el viento seguirá siendo decisivo. La escena deja pueblos vacíos, carreteras cerradas y urbanizaciones pendientes del cielo, mientras miles de personas esperan poder regresar a casa sin que las llamas vuelvan a cambiar de dirección.