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El futuro de los jardines del convento en Chamartín divide a Madrid

El Ayuntamiento de Madrid da luz verde a una residencia de estudiantes en los jardines protegidos del antiguo convento de las Damas Apostólicas, pese a la oposición vecinal y una sentencia judicial. El cambio afecta a uno de los pulmones verdes del barrio y reabre el debate sobre la protección del patrimonio en la ciudad.

Foto por elmundo.es
Por · Madrid ·

En Chamartín, la transformación de los jardines del antiguo convento de las Damas Apostólicas ya no es solo un asunto de urbanismo: es una cuestión que toca la vida cotidiana de quienes pasean, viven o buscan un respiro verde en el norte de Madrid. El Ayuntamiento, bajo la dirección de José Luis Martínez-Almeida, ha aprobado la modificación del Plan General de Ordenación Urbana que permitirá levantar una residencia de estudiantes en este enclave protegido, pese a la oposición de vecinos y a una sentencia judicial que exigía preservar el conjunto en su totalidad.

La decisión, tomada en solitario por el equipo de Gobierno municipal, abre la puerta a que la empresa Global Alchiba SL construya once edificios en una parcela de más de 16.000 metros cuadrados. El proyecto contempla la reconstrucción del edificio principal de estilo neomudéjar y la creación de 850 habitaciones para estudiantes, distribuidas en bloques de dos y tres plantas con cubiertas ajardinadas. Para ello, será necesario talar más de 200 árboles, lo que ha encendido las alarmas entre asociaciones ecologistas y colectivos vecinales.

El recinto fue declarado Bien de Interés Patrimonial en 2018, aunque la protección inicial solo abarcaba parte de los jardines. Una sentencia posterior del Tribunal Superior de Justicia de Madrid amplió esa protección a todo el conjunto, incluidos los espacios libres y huertas históricas. Sin embargo, el Consistorio ha optado por reinterpretar los límites de esa protección, permitiendo la edificación en las zonas norte y este, justo donde la sentencia pedía máxima cautela.

La polémica no es nueva. Ya en 2017, la propietaria inició el derribo parcial del convento, un edificio de 1929, amparándose en una declaración responsable y con el visto bueno municipal, aunque la parcela no figuraba en el catálogo actualizado de bienes protegidos. La intervención fue frenada por la Comunidad de Madrid tras comprobar que el inmueble estaba protegido por ley. Desde entonces, el debate sobre el futuro del recinto ha ido creciendo, con denuncias ante la Fiscalía y movilización de asociaciones como Ecologistas en Acción y Madrid, Ciudad y Patrimonio.

Las críticas se centran en la pérdida de valor histórico y ambiental. Arquitectos y colectivos patrimonialistas consideran que reducir la protección de los jardines supone desvirtuar el sentido original del conjunto, pensado como un espacio unitario donde las huertas eran parte esencial de la vida conventual. La tala de árboles y la construcción de nuevos edificios, advierten, transformarán de forma irreversible el paisaje y el carácter del barrio.

Desde el Ayuntamiento, se defiende que la modificación urbanística es compatible con la protección patrimonial, argumentando que las nuevas edificaciones respetarán la memoria histórica a través de exigencias arquitectónicas y botánicas. Sin embargo, los grupos de la oposición, como el PSOE y Más Madrid, rechazan la medida y acusan al Gobierno municipal de ignorar la sentencia judicial y de priorizar intereses privados sobre el patrimonio común. Ambos partidos han presentado alegaciones y advierten de que el conflicto podría acabar de nuevo en los tribunales.

El debate sobre el futuro de este espacio no solo afecta a quienes viven en Chamartín. La transformación de uno de los pocos jardines históricos del distrito impacta en la oferta de zonas verdes, en la identidad del barrio y en la forma en que Madrid gestiona su patrimonio en pleno proceso de cambio urbano. La ciudad vuelve a ajustar su ritmo, y el resultado marcará el pulso de la vida local en los próximos años.

El antiguo convento de las Damas Apostólicas, con su arquitectura neomudéjar y sus jardines arbolados, ha sido durante décadas un refugio silencioso en medio del crecimiento de Chamartín. Más allá de su valor patrimonial, el recinto ha funcionado como pulmón verde y punto de encuentro para generaciones de vecinos. Su historia refleja la evolución de Madrid: de espacio religioso a enclave disputado por intereses urbanísticos, pasando por años de abandono y debates sobre su futuro. Hoy, su destino vuelve a estar en el centro de la conversación sobre cómo la ciudad equilibra desarrollo y memoria.

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