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El fenómeno therian: jóvenes con máscaras de animales y el pulso de Madrid

Un pequeño grupo de adolescentes con máscaras de animales ha captado la atención en el centro de Madrid. La expectación superó con creces la realidad, pero el debate sobre identidad y redes sociales sigue creciendo.

Foto por Depositphotos
Por · Madrid ·

El pasado fin de semana, la Puerta del Sol se convirtió en escenario de una escena poco habitual: un adolescente, con sudadera desgastada y una máscara de lobo blanco, se agachaba en el centro de un círculo improvisado de curiosos. Algunos reían, otros grababan con el móvil, y no faltaban quienes miraban con desconcierto. El joven imitó movimientos animales, caminó a cuatro patas y, durante unos minutos, fue el centro de todas las miradas.

La escena formaba parte de una quedada de therians, una subcultura de jóvenes que sienten una conexión espiritual con ciertos animales y lo expresan a través de máscaras y gestos. Aunque en redes sociales parecía que el fenómeno arrasaba en toda España, la realidad fue mucho más discreta: apenas un puñado de participantes en Madrid, menos aún en Segovia y Salamanca, y en Barcelona ni siquiera llegaron a reunirse. Sin embargo, la expectación fue enorme. En la capital catalana, la policía tuvo que intervenir para dispersar a los grupos de adolescentes que se acercaron solo para mirar o grabar.

La mayoría de los asistentes no eran therians, sino curiosos y creadores de contenido en busca de la próxima tendencia viral. Las redes sociales, especialmente TikTok e Instagram, han amplificado la visibilidad de estos encuentros. Vídeos cortos de jóvenes en parques y centros comerciales, siempre con máscaras y gestos animales, se han repetido hasta el cansancio, generando la sensación de un movimiento masivo que, en la calle, apenas existe.

Entre los propios therians, la experiencia ha sido agridulce. Una adolescente de 15 años, tras su máscara de zorro, confesaba sentirse desbordada por la atención y el tono burlón de muchos presentes. Lo que para ella era una oportunidad de conocer a otros con intereses similares, se convirtió en un espectáculo ajeno, rodeada de móviles y comentarios poco amables.

La viralidad también ha traído consigo bulos y exageraciones. Circularon rumores sobre supuestas ayudas económicas para quienes se identifican como therians y vídeos manipulados que alimentaron el debate político. Algunos tertulianos aprovecharon para presentar el fenómeno como síntoma de decadencia social, aunque la realidad es mucho menos alarmante: se trata de un grupo reducido, con prácticas inofensivas y sin mayor impacto en la vida urbana.

El caso de los therians en Madrid ilustra cómo una tendencia puede crecer en la red y desinflarse en la calle. La ciudad, acostumbrada a absorber nuevas modas y expresiones juveniles, observa cómo la atención mediática y la curiosidad colectiva pueden transformar un gesto minoritario en tema de conversación nacional, aunque solo sea por unos días.

La Puerta del Sol, epicentro de encuentros y manifestaciones en Madrid, ha visto pasar todo tipo de expresiones culturales y sociales. Su ubicación, en pleno corazón de la ciudad y con fácil acceso desde cualquier barrio, la convierte en punto de referencia para quienes buscan visibilidad o simplemente un lugar donde dejarse ver. No es raro que nuevas tendencias juveniles elijan este espacio para sus primeras apariciones públicas. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección: lo que ocurre en Sol, aunque sea fugaz, suele marcar el pulso de la ciudad.

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