El proyecto prevé elevar el aforo hasta al menos 18.500 espectadores, unos 4.000 más que en la actualidad. La ampliación se conseguirá con una nueva grada y con graderíos volados que permitirán ganar espacio hacia arriba sin cambiar la huella del estadio, situado en pleno entorno urbano de Portazgo.
Una de las intervenciones más visibles será la recuperación del fondo orientado hacia la calle Teniente Muñoz Díaz. El diseño toma como referencia la antigua configuración del campo, cuando el estadio contaba con gradas en sus cuatro lados, y busca devolver esa imagen más cerrada y compacta al recinto.
La reforma también afectará al interior del estadio. Está previsto renovar asientos, pasillos, escaleras, baños, vestuarios, sala de prensa, zona mixta, palco de honor y otros espacios de servicio. El terreno de juego se adaptará además a los estándares exigidos por LaLiga y por competiciones internacionales.
La fachada cambiará de aspecto, aunque no desaparecerá por completo su identidad histórica. El estadio figura con protección parcial en el Catálogo de Edificios Protegidos del Plan General de Madrid, por lo que la propuesta plantea una doble piel ligera y translúcida que permita mostrar parte de la estructura original.
El plan incluye también un nuevo edificio multifuncional en una parcela de la Comunidad de Madrid situada en la calle Arroyo del Olivar. Ese inmueble estará conectado directamente con el estadio y contará con aparcamiento subterráneo, además de espacios pensados para ampliar los servicios del recinto.
En ese edificio podrían ubicarse zonas vip, usos vinculados a la actividad del club y espacios para iniciativas deportivas o sociales cuando no haya partido. La Comunidad defiende que la reforma no debe limitarse a mejorar el campo, sino convertirlo en un equipamiento con más vida para el distrito de Puente de Vallecas.
La inversión prevista asciende a 60 millones de euros y el plazo estimado de ejecución es de 24 meses, sin incluir la construcción del edificio anexo. La intención del Gobierno regional es compatibilizar las obras con la actividad deportiva para que el Rayo no tenga que jugar fuera de Vallecas durante la remodelación.
La propuesta llega después de meses de debate sobre el futuro del club y su estadio. El presidente del Rayo había defendido la necesidad de un nuevo campo, mientras que una parte importante de la afición reclama mantener el vínculo con Vallecas. La reforma intenta responder a esa tensión: crecer sin abandonar el barrio.
El reto estará en que la modernización no borre el carácter del estadio. Vallecas no es un campo cualquiera en Madrid: es una pieza de identidad vecinal, fútbol de barrio y memoria popular. Ahora la pregunta será si el nuevo proyecto logra sumar comodidad, negocio y seguridad sin convertir el viejo campo del Rayo en un recinto ajeno a quienes lo han llenado durante décadas.