Desde el Ayuntamiento descartan incidentes recientes y apuntan a un deterioro progresivo. Muchos de los daños afectan directamente a la piedra, lo que complica su reparación y alarga los tiempos de intervención.
Una de las medidas en marcha es recuperar la lámina de agua que rodeaba el templo. Este elemento no solo tenía valor estético, también funcionaba como barrera natural para limitar el acceso directo y reducir el riesgo de nuevos desperfectos.
El equilibrio entre acceso abierto y conservación sigue siendo el principal reto. El Templo de Debod, integrado en el Parque del Oeste, es uno de los puntos más visitados tanto por vecinos como por turistas, lo que aumenta su exposición.
A pesar de los daños, el consistorio considera que el estado general es razonable. La prioridad pasa ahora por intervenir en el entorno más que restringir completamente el acceso al monumento.
Lo que ocurra con Debod afecta a cómo Madrid gestiona su patrimonio en espacios abiertos. Mantenerlo accesible sin poner en riesgo su conservación es clave para quienes lo visitan a diario y para la imagen cultural de la ciudad.