Dromo, que participó en la fase inicial del proyecto, reclama pagos pendientes y sostiene que parte de su trabajo habría acabado en manos de Tilke, la empresa que tomó el relevo en el diseño del circuito. El conflicto ha llegado a tribunales de Alemania y España, mientras la organización mantiene la cuenta atrás para el debut del trazado, bautizado como Madring.
Según la documentación del caso, un perito alemán habría detectado archivos vinculados a Dromo en sistemas de Tilke, lo que ha dado pie a medidas cautelares parciales en Alemania. En Madrid, en cambio, las reclamaciones de la empresa italiana no han prosperado por ahora, aunque Dromo prepara nuevas acciones para pedir una indemnización.
Ifema defiende que la ruptura con Dromo se hizo conforme a la ley y por incumplimientos graves, entre ellos problemas en la entrega de documentación y conflictos con subcontratistas. La institución insiste en que el calendario del Gran Premio sigue adelante y que no ve comprometida la celebración del evento.
La polémica llega en un momento delicado. La Fórmula 1 despierta una enorme expectación en Madrid, con la mayoría de entradas ya vendidas y una previsión de fuerte impacto económico. Pero también crecen las dudas entre vecinos próximos al circuito, preocupados por el ruido, los cortes, la alteración del entorno y el uso intensivo de Ifema durante los días de carrera.
El proyecto también ha obligado a reorganizar parte de la actividad habitual del recinto ferial. Algunos espectáculos y eventos han tenido que adaptarse al calendario de obras y montaje, mientras colectivos vecinales y grupos políticos críticos mantienen abiertas sus objeciones al modelo elegido para traer la F1 a la capital.
La inspección de la Federación Internacional de Automovilismo añade otra capa de presión. La homologación del circuito es un paso clave para que Madring pueda acoger la carrera con todas las garantías técnicas y de seguridad. Cada avance acerca el estreno, pero también aumenta el foco sobre una organización que ya no se juega solo un evento deportivo.
Ifema se enfrenta así a uno de los mayores retos de su historia reciente. El recinto, acostumbrado a ferias, congresos y grandes citas internacionales, quiere demostrar que puede convertirse también en escenario de la Fórmula 1. La pregunta es si Madrid logrará que el circuito sea una oportunidad para la ciudad o si el ruido legal, vecinal y logístico acabará pesando tanto como el de los propios motores.