Este fin de semana, la familia liquida todo el stock con grandes descuentos antes del cierre definitivo el 31 de marzo.
Bazar Arribas baja la persiana tras más de un siglo en la plaza Mayor. La familia pone fin a una etapa tras la muerte de Conchita Arribas Navarro. El comercio, testigo de generaciones, se despide dejando un vacío en la memoria de Madrid.
La plaza Mayor pierde uno de sus rincones más emblemáticos. Bazar Arribas, la juguetería que durante 107 años acompañó la infancia de miles de madrileños, cierra definitivamente sus puertas. La noticia, que ha corrido rápido entre vecinos y habituales del centro, marca el final de una etapa para quienes crecieron entre sus vitrinas repletas de pelotas, trenes y muñecas.
La decisión llega tras el fallecimiento de Conchita Arribas Navarro, hija del fundador y alma del negocio durante décadas. Su familia explica que no se trata de una cuestión económica, sino de un ciclo vital que concluye. En la entrada del local, una nota manuscrita resume el sentimiento: ahora que la abuela ya no está, también toca despedirse de la tienda.
Fundado en 1919 por Juan Arribas Aguado, el bazar sobrevivió a los vaivenes del centro de Madrid y a la transformación del comercio local. Cuatro generaciones mantuvieron la esencia de un trato cercano y especializado, resistiendo incluso a la presión de las franquicias y al encarecimiento de los alquileres. Durante la pandemia, el barrio se volcó con la tienda, comprando desde juegos clásicos hasta pequeños recuerdos, solo para apoyar a la familia.
La gestión pasó de Conchita Arribas a su hija Marta Rollán, que compaginó la dirección con su trabajo de farmacéutica, y más tarde a su nieto Miguel Mauduit, que asumió el relevo de forma temporal. La familia reconoce que el verdadero motor del negocio siempre fueron los clientes fieles, muchos de los cuales han regresado estos días para despedirse y compartir recuerdos.
El cierre de Bazar Arribas supone mucho más que la desaparición de una tienda. Es la pérdida de un espacio cargado de memoria colectiva, donde varias generaciones han compartido ilusiones y tradiciones. La plaza Mayor, acostumbrada a reinventarse, siente hoy la ausencia de un comercio que formaba parte de su identidad cotidiana.
Bazar Arribas no era solo una juguetería: era un punto de encuentro para familias, turistas y curiosos. Su escaparate, siempre lleno de color y nostalgia, reflejaba el pulso de la ciudad y las costumbres de cada época. Ahora, el local vacío recuerda que Madrid cambia, pero la huella de lugares así permanece en quienes los vivieron.