Hasta ahora, este jardín histórico solo abría fines de semana y festivos, con un aforo limitado a mil personas al día. La nueva propuesta plantea un modelo más accesible, pero manteniendo el control: entre 150 y 200 visitantes diarios entre semana, para preservar el equilibrio del entorno.
El cambio está ligado a la apertura del palacio como Museo de la Duquesa de Osuna, un proyecto que busca dar nueva vida al conjunto tras años de restauración. Elementos como el casino de baile o el fortín también han sido rehabilitados tras los daños de Filomena, devolviendo al parque su valor original.
A diferencia de otros parques de Madrid, El Capricho nunca ha sido un espacio de acceso libre permanente. Su carácter histórico y su diseño paisajístico obligan a limitar la entrada y a organizar visitas controladas, algo que ahora podría integrarse en la rutina semanal de la ciudad.
La medida, aún en estudio, busca un equilibrio delicado: abrir el parque a más madrileños sin perder su esencia. Si se confirma, supondrá un cambio en la forma de disfrutar uno de los jardines más singulares de Madrid.
Más allá del ocio, El Capricho representa otra manera de vivir la ciudad. Un espacio donde el ritmo se detiene y donde historia, naturaleza y patrimonio conviven a pocos minutos del centro. Madrid ya empieza a moverse en esa dirección.