La tensión ha crecido tras las declaraciones del consejero de Cultura, Mariano de Paco, que calificó el calor en clase como una “fuente de inspiración”. La frase ha sentado especialmente mal en una comunidad educativa que lleva años reclamando medidas reales para centros sin climatización, mal aislados y preparados para un clima que ya no se parece al de hace décadas.
En muchos colegios, las soluciones siguen siendo improvisadas. Botellas de agua, persianas bajadas, pausas para refrescarse, pulverizadores o ventiladores cuando los hay. Nada de eso cambia demasiado cuando el aula acumula calor durante horas y los alumnos pierden concentración antes incluso de terminar la mañana.
El problema se nota más en los edificios antiguos. En centros como el CEIP Nuestra Señora de la Paloma, la falta de aislamiento afecta tanto en invierno como en verano. Su directora, Sandra Valiente, ha alertado de temperaturas extremas en espacios como el comedor, donde se han llegado a registrar 42 grados.
Las familias también han empezado a organizarse. Asociaciones de madres y padres y directores de institutos públicos están registrando temperaturas en las aulas y preparando denuncias ante el Defensor del Pueblo. El malestar crece después de que una iniciativa legislativa popular para climatizar los centros, respaldada por más de 72.000 firmas, fuera rechazada en la Asamblea de Madrid.
Para los docentes, el calor ya afecta directamente al derecho a aprender. Profesores denuncian mareos, cansancio, falta de atención y más dificultad para seguir las clases, especialmente en época de exámenes. La situación golpea a todos, pero se vuelve más dura para niños pequeños, adolescentes con problemas de salud y alumnado vulnerable.
La Consejería de Educación remite al Plan de Actuación ante Episodios de Altas Temperaturas 2026, que recomienda adaptar horarios, hidratarse y extremar precauciones. También asegura que aumentará la inversión en climatización para el próximo curso. En los centros, sin embargo, la sensación es que las respuestas llegan tarde y no resuelven el calor de esta semana.
El debate ya no va solo de poner aire acondicionado. Va de adaptar colegios, patios, comedores y horarios a veranos cada vez más largos y primaveras más extremas. Mientras esa reforma llega, miles de alumnos siguen pasando la mañana en aulas donde el calor condiciona la salud, la atención y la vida escolar.