En Madrid, el impacto se concentra en el histórico Edificio Palacete de Chamberí, durante décadas vinculado a clases, exámenes, actividades culturales y generaciones de estudiantes. La venta del inmueble no supone solo una operación inmobiliaria: también marca el cierre de una etapa para una institución muy reconocible en la vida educativa de la capital.
La situación preocupa especialmente a la plantilla. En Madrid, donde trabajan unas 320 personas, los sindicatos calculan que hasta 75 empleados podrían perder su puesto. En conjunto, el ajuste en España afectaría a áreas administrativas, atención al cliente, marketing y también a personal docente.
El plan forma parte de una reorganización interna conocida como New Target Operating Model. Según los representantes de los trabajadores, muchos empleados deberán competir por nuevos puestos dentro de la estructura, mientras otros verán desaparecer directamente sus funciones.
La crisis económica del British Council arrastra problemas desde la pandemia. A la caída de actividad presencial se sumó un préstamo del Gobierno británico que aún pesa sobre las cuentas de la organización. Las decisiones estratégicas se toman desde Londres, lo que aumenta la sensación de distancia entre la dirección global y la realidad de los centros españoles.
La entidad defiende que la venta de edificios responde a un cambio de modelo, con más peso de la enseñanza digital y la necesidad de reducir costes fijos. Los trabajadores, en cambio, recuerdan que en España las clases presenciales y los exámenes siguen teniendo un papel muy importante para alumnos, familias y profesionales.
La inquietud también nace de precedentes cercanos. Parte de la plantilla teme que España pueda seguir un camino similar al de Italia, donde la venta de sedes acabó precediendo al cierre de centros de enseñanza. Desde el British Council insisten en que su compromiso con Madrid, Barcelona y el conjunto del país continúa.
El caso deja una pregunta incómoda para Madrid: qué ocurre cuando una institución cultural y educativa con décadas de historia empieza a deshacerse de sus espacios físicos. En Chamberí, el Palacete no era solo una dirección más; era un lugar de paso para estudiantes, profesores y familias, y su futuro abre otra grieta en la memoria cotidiana del barrio.