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El Ballet de Madrid pierde a su director tras una crisis interna en el PP

La dimisión de Antonio Castillo Algarra, figura clave en la cultura madrileña, marca un giro en la gestión educativa y cultural de la Comunidad tras un enfrentamiento con el entorno más duro del PP y el principal asesor de Ayuso.

Foto por Depositphotos

La salida de Antonio Castillo Algarra del Ballet Español de la Comunidad de Madrid no es solo un cambio en la dirección artística: es el reflejo de una sacudida política que afecta a la vida cultural y educativa de la ciudad. La renuncia, confirmada este miércoles, llega tras semanas de tensiones entre los jóvenes asesores conocidos como los 'pocholos' y el sector más veterano del Partido Popular, encabezado por Miguel Ángel Rodríguez, mano derecha de Isabel Díaz Ayuso.

En los pasillos de Sol, la noticia se ha sentido como un terremoto. La influencia de Algarra, dramaturgo y hasta ahora asesor de referencia en materia educativa, había crecido en los últimos años, especialmente entre los cargos más jóvenes del PP. Sin embargo, la presión de los sectores más tradicionales del partido ha terminado por inclinar la balanza. El cese de Emilio Viciana, consejero de Educación, el lunes por la noche, fue solo el primer movimiento visible de una cadena de dimisiones y salidas que ha dejado a la Consejería de Educación sin parte de su equipo más cercano.

En menos de veinticuatro horas, tres diputados populares y dos directores generales —responsables de universidades y secundaria— presentaron su renuncia. El ambiente en la Asamblea y en la sede regional era de sorpresa y desconcierto. No es habitual que varios diputados abandonen sus actas de forma tan repentina, y menos aún en mitad de la legislatura.

Algarra, que ha hecho pública su visión sobre la crisis a través de redes sociales, señala directamente a Miguel Ángel Rodríguez como artífice de la campaña en su contra. El dramaturgo considera que la ofensiva responde a una estrategia para devolver el control de la educación madrileña al sector más duro del partido, alejando a los jóvenes que hasta ahora marcaban el ritmo de las políticas públicas.

La fractura interna en el PP madrileño se ha hecho visible en un momento clave para la ciudad. La gestión de la educación y la cultura, dos ámbitos que afectan de lleno a la vida diaria de miles de familias, queda ahora en manos de un equipo renovado y con una orientación diferente. Madrid vuelve a ajustar su ritmo, y la agenda cultural y educativa de los próximos meses podría experimentar cambios notables.

El Ballet Español de la Comunidad de Madrid, con sede en el corazón de la ciudad, ha sido durante años un referente en la programación cultural y en la formación de jóvenes talentos. Su actividad no solo llena teatros, sino que también conecta con los barrios y acerca la danza a públicos diversos. La salida de su director artístico abre una nueva etapa para la institución, que tendrá que redefinir su papel en una ciudad donde la cultura y la política caminan, a menudo, de la mano.

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