Un total de 50 artistas participan en esta edición, transformando espacios cotidianos en piezas de arte urbano. Murales, ilustraciones y lettering aparecen en distintos puntos, generando un museo al aire libre accesible para cualquiera que pasee por la zona.
El festival también busca impulsar el comercio local. Las intervenciones se integran en tiendas y negocios, lo que atrae visitantes y genera movimiento en uno de los barrios con más actividad cultural de Madrid.
Entre las propuestas destaca un proyecto colectivo que conecta generaciones a través del color y la memoria. También participan artistas consolidados y nuevos talentos, lo que refuerza la diversidad de estilos y enfoques.
El recorrido no es fijo. Cada calle ofrece una sorpresa distinta, lo que convierte la visita en una experiencia abierta, sin necesidad de horarios ni entradas.
Este tipo de iniciativas cambia la forma de vivir el barrio. Invita a pasear sin rumbo, a entrar en comercios y a descubrir espacios desde otra perspectiva, convirtiendo el arte en parte del día a día.