El Canal de Isabel II asegura que el agua sigue siendo potable y que no hay riesgo para el consumo. La incidencia se debe a una maniobra técnica realizada en los sistemas de filtrado, concretamente en los filtros de carbón activo de la ETAP de Santillana.
El cambio se ha notado sobre todo en el distrito Centro y en algunos municipios cercanos, aunque no todos los usuarios lo perciben igual. Mientras algunos vecinos han dejado de beber agua del grifo por precaución, otros aseguran no haber notado ninguna diferencia.
La empresa pública está realizando purgas en la red para retirar los restos que puedan estar provocando ese olor y sabor inusual. La previsión es que el suministro recupere progresivamente sus características habituales durante los próximos días.
La principal queja de muchos vecinos no tiene que ver solo con el sabor, sino con la falta de aviso previo. En una ciudad donde gran parte de la población bebe agua del grifo a diario, cualquier cambio repentino genera dudas, especialmente si llega durante el fin de semana.
El Canal insiste en que la calidad del agua se controla de forma permanente, desde las plantas de tratamiento hasta la red de distribución. Según la compañía, los parámetros de potabilidad se mantienen dentro de los valores exigidos, aunque el olor y el sabor puedan resultar molestos.
Para los hogares afectados, lo más práctico estos días es dejar correr unos segundos el agua antes de consumirla y estar atentos a la evolución del sabor. Si la incidencia persiste de forma intensa en una vivienda o edificio concreto, conviene comunicarlo para que pueda revisarse el punto de suministro.
El episodio recuerda hasta qué punto el agua del grifo forma parte de la rutina diaria. Cuando cambia su sabor, aunque siga siendo segura, la ciudad lo nota rápido: en casas, bares, oficinas y conversaciones de barrio.