La gran novedad es la interoperabilidad total. Cualquier usuario podrá coger una bicicleta en Madrid y dejarla en Pozuelo, o hacer el recorrido contrario, sin trámites adicionales ni penalizaciones por cambiar de municipio. La bicicleta empieza así a funcionar como una alternativa metropolitana real, no solo como un servicio urbano dentro de la capital.
Las nuevas estaciones se han repartido en puntos estratégicos de Pozuelo, cerca de avenidas principales, zonas de paso, espacios públicos y conexiones con otros medios de transporte. El objetivo es facilitar trayectos cotidianos sin coche, especialmente en desplazamientos cortos o combinados con Cercanías, Metro Ligero o autobuses.
La inversión asciende a 2,32 millones de euros y ha sido asumida por el Ayuntamiento de Pozuelo. La gestión operativa correrá a cargo de EMT Madrid, lo que permite integrar el nuevo despliegue dentro del funcionamiento habitual de Bicimad y mantener una experiencia similar para los usuarios.
La expansión llega después de meses de instalación de bases y coordinación entre ambos ayuntamientos. El convenio garantiza el mantenimiento de la flota, la gestión técnica y la conexión administrativa entre dos municipios que comparten muchos desplazamientos diarios por trabajo, estudios, compras y ocio.
Con Pozuelo, Bicimad alcanza 683 estaciones y 8.385 bicicletas. El crecimiento coincide con un momento de fuerte uso del servicio: en 2025 se registraron casi 14 millones de viajes, y la tendencia apunta a nuevas cifras récord si continúa la ampliación hacia zonas periféricas y municipios vecinos.
Para quienes viven en el oeste metropolitano, el cambio puede notarse en trayectos muy concretos: llegar a una estación, evitar un tramo en coche, conectar con transporte público o resolver desplazamientos de última milla. No sustituye todos los viajes, pero sí añade flexibilidad en una zona donde la dependencia del vehículo privado sigue siendo alta.
La llegada de Bicimad a Pozuelo deja una imagen clara de la movilidad que busca Madrid: redes más conectadas, menos límites administrativos y más opciones para moverse sin coche. La bicicleta eléctrica deja de ser solo un recurso del centro y empieza a ganar espacio en la rutina metropolitana.