La propuesta recupera el antiguo arroyo que atravesaba la zona, devolviendo el agua al paisaje urbano y creando un entorno pensado para el paseo y el descanso. El plan deja atrás la idea de grandes eventos y espectáculos para centrarse en un uso cotidiano y más integrado con la ciudad.
El diseño, basado en el concurso de 2020 y actualizado a las necesidades actuales, busca mejorar la conexión con los barrios cercanos y facilitar el tránsito peatonal. La prioridad es crear espacios donde la gente no solo pase, sino que se quede.
Azca, tradicionalmente vinculado a oficinas y actividad empresarial, aspira a convertirse en un entorno activo durante todo el día, combinando naturaleza, arquitectura y vida urbana.
Este cambio impactará directamente en quienes trabajan y se mueven por la zona, mejorando la calidad del espacio público y ofreciendo nuevas áreas de descanso. También supone un paso hacia un modelo de ciudad más sostenible y centrado en las personas. La transformación aún debe concretar plazos y ejecución, pero marca una dirección clara: convertir Azca en un espacio más verde, conectado y vivo dentro del centro de Madrid.