En una ciudad que nunca deja de reinventarse, todavía quedan rincones que muchos madrileños no han cruzado. Mientras el centro se llena de visitantes y planes de temporada, algunos palacios siguen casi en silencio, lejos de las rutas más evidentes. Redescubrirlos ahora permite ver otra cara de Madrid: más íntima, más inesperada y conectada con su historia menos conocida.
Palacio del Marqués de Amboage
Originalmente, la Embajada italiana era el Palacio del Marqués de Amboage. El edificio fue diseñado por Joaquín Rojí por encargo del diputado cortés y el hijo de un rico indio.
Esta residencia está construida en mármol, hierro forjado y bronce. En las escaleras de la casa Maumejean hay una increíblemente hermosa vidriera. Durante la guerra Civil fue sede del Ayuntamiento de Madrid y en 1939 el edificio fue vendido al estado italiano.
C/ Lagasca, 98