La Antoñita
Antes era la sede de una fábrica de jabón. Hoy es un restaurante único con una rica historia. Y eso se nota en la propia decoración: bajo el suelo de cristal se ven los restos de las murallas de la ciudad. Y junto al local se encuentra la Posada del Dragón, que era también la casa de huéspedes donde vivían los mercaderes del Rastro.
En este restaurante, los platos se preparan con productos frescos del mercado. Hay que probar el rabo de toro con parmentier de patata o las carrilleras con puré de calabaza. Y el postre en forma de pastilla de jabón, La Antoñita, remite a la historia.
C/ Cava Baja, 14