Las salas del Círculo de Bellas Artes acogen Once Upon a Crime, un espectáculo inmersivo en el que el cuento deja de ser una historia reconfortante para convertirse en objeto de investigación. En el centro está Caperucita Roja, pero esta vez no es la heroína de un libro, sino la protagonista de un caso que se analiza bajo la luz de los focos.
La obra está construida como un interrogatorio en vivo: el detective conduce la investigación y los espectadores votan en los momentos decisivos, cambiando el curso de los acontecimientos. El final no es fijo: cada representación se desarrolla de manera distinta.
El humor negro, la luz tenue y la sensación de que una trama familiar se va desmoronando poco a poco crean una atmósfera de teatro noir.