Con la llegada de la temporada cálida, los jardines de La Granja de San Ildefonso vuelven a llenarse del movimiento del agua y del suave murmullo de los chorros. En determinados días, las fuentes, creadas para la residencia real, comienzan a funcionar y poco a poco dan vida al espacio, convirtiendo un simple paseo en la contemplación de un sistema complejo y bello, donde cada detalle está pensado hasta el más mínimo detalle.
Aquí es fácil olvidarse del tiempo. Las avenidas conducen de una fuente a otra, y cada una de ellas se revela a su manera. El agua se eleva, cambia de ritmo, juega con la luz, y uno simplemente quiere contemplarlo, pasando sin prisas de una escena a otra.
Por la noche, el ambiente se vuelve más tranquilo y recogido. La luz tenue y el sonido del agua crean una sensación de intimidad, y el jardín parece cobrar vida propia.