En el cabaret musical JOKER, el maestro de ceremonias no tiene intención de dejar al público en paz. Joker se dirige directamente a los espectadores, involucrándolos en un juego en el que una frase graciosa puede convertirse en una pregunta incómoda. La música en directo, los bailes y el humor mordaz marcan el ritmo de esta conversación sobre lo que la gente prefiere ocultar.
Junto a él aparecen seis mujeres que encarnan sus deseos, miedos e impulsos. Sus personajes están relacionados con la inocencia perdida, la seducción, la crítica y la humillación. A través de las canciones y la coreografía se ponen de manifiesto las contradicciones del protagonista, y la risa da paso, en ocasiones, a escenas más tensas.
Joker explora los límites entre la sinceridad y el fingimiento, sin permitir que los espectadores se mantengan del todo al margen. Hacia el final, la pregunta sobre qué se esconde bajo su maquillaje también interpela al público. Quizá las máscaras de los propios espectadores resulten igual de interesantes.