A lo largo de los años, el teatro ha cambiado de nombre, de forma y de dimensiones. Llegó a transformarse siguiendo el modelo del histórico Romea, consolidó el vínculo con el Orfeó Sarrianenc y convirtió obras como L’Estel de Natzaret en parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
Hoy, el Teatre de Sarrià mantiene ese equilibrio entre herencia y movimiento constante. Su programación reúne teatro, música, danza, jazz, conciertos de cámara, musicales y propuestas escénicas que ocupan la sala de miércoles a domingo. La temporada actual refuerza una vocación clara: construir desde Sarrià un espacio cultural abierto y con personalidad propia dentro de la ciudad.
Más allá de los espectáculos, el teatro conserva algo difícil de reproducir: la sensación de pertenecer a un lugar que no solo programa actividades, sino que forma parte de la vida cotidiana del barrio. Un escenario donde las historias continúan acumulándose desde hace más de cien años.