Su identidad se construye sobre una cocina honesta, sabrosa y sin artificios, donde el placer manda y el ambiente invita a relajarse. El espacio combina un punto gamberro con una hospitalidad cercana que hace que tanto quienes llegan por primera vez como los habituales se sientan parte del lugar desde el primer momento.
La carta, breve pero variada, apuesta por platos que despiertan la curiosidad y que se adaptan a un público inconformista. A ello se suman propuestas fuera de carta que cambian según la temporada y lo que dicta el mercado, pequeñas sorpresas que mantienen viva la experiencia y celebran el producto fresco.
Maleducat defiende una forma de comer sin poses, donde mancharse las manos forma parte del ritual y compartir es casi inevitable. Una parada imprescindible en la calle Manso 54 para quienes buscan buena cocina, ambiente cercano y una mesa donde siempre apetece quedarse un poco más.