La iglesia, construida entre 1882 y 1885, se levanta como eje del conjunto, con una arquitectura que combina influencias neogóticas, neomudéjares y elementos propios del eclecticismo de la época. Su silueta está definida por la esbelta aguja del campanario y el uso de materiales como el ladrillo visto, la piedra y la cerámica. En su interior, destacan la amplitud de la nave, el cimborrio central y un conjunto de vitrales y detalles artesanales que reflejan el trabajo colectivo de diversos oficios.
El edificio ha atravesado momentos complejos, desde los daños sufridos durante la Semana Trágica de 1909 y la Guerra Civil, hasta posteriores procesos de restauración que han buscado recuperar su carácter original. El antiguo convento, por su parte, fue transformado en colegio a mediados del siglo XX, manteniendo su estructura en torno a un claustro interior.
Hoy, la parroquia sigue siendo un espacio activo, donde la historia arquitectónica y la vida cotidiana del barrio conviven en un mismo lugar.