La pieza representa a una jirafa en una actitud inesperadamente elegante y juguetona. Lejos de cualquier solemnidad, la escultura transmite ligereza y humor, dos rasgos muy presentes en la obra de Granyer, quien supo llenar el espacio público de personajes capaces de dialogar con la vida cotidiana.
Con el paso de los años, Girafa coqueta ha pasado de ser una simple intervención artística a formar parte del paisaje emocional de Barcelona. Turistas y vecinos la buscan para fotografiarse junto a ella, mientras otros la descubren por casualidad durante un paseo por una de las avenidas más emblemáticas de la ciudad.
Más que un monumento, esta jirafa de bronce recuerda que el arte también puede despertar curiosidad, romper la rutina y transformar una esquina cualquiera en un lugar con personalidad propia.