Salir de despedida de soltero o soltera en Valencia podría salir mucho más caro de lo esperado si prospera el nuevo proyecto de ordenanza municipal. El Ayuntamiento ha puesto el foco en los disfraces que imitan genitales y en los grupos que arman demasiado jaleo en la vía pública: la propuesta contempla multas de hasta 750 euros solo por el atuendo, y si además se molesta a los vecinos, la sanción puede alcanzar los 1500 euros.
La medida, que todavía es solo un proyecto y no una norma en vigor, busca poner freno a las celebraciones que se desmadran en las calles del centro. El texto municipal no se limita a los disfraces: también endurece las sanciones por el consumo de alcohol en espacios protegidos. Beber junto a monumentos catalogados podría costar hasta 3000 euros, una cifra que convierte el botellón en un lujo arriesgado para quienes eligen escenarios históricos como fondo de fiesta.
¿Por qué ahora? Valencia, como otras ciudades mediterráneas, lleva años lidiando con el turismo de despedidas y las molestias que generan en barrios céntricos. El debate sobre cómo equilibrar la diversión y el descanso vecinal no es nuevo, y cada ciudad busca su fórmula. En Barcelona, por ejemplo, la convivencia entre ocio y vida local también ha sido tema de conversación, como se abordó en otro reportaje reciente sobre iniciativas para revitalizar barrios sin perder la calma.
El proyecto de Valencia aún debe pasar por los trámites municipales antes de convertirse en realidad. Pero el mensaje es claro: los excesos en la calle, especialmente si incluyen disfraces explícitos o alcohol cerca de monumentos, pueden salir muy caros. Si la ordenanza se aprueba, quienes planeen una despedida en la ciudad tendrán que pensárselo dos veces antes de elegir vestuario o ruta. La tendencia apunta a una mayor regulación del ocio en el espacio público, y Valencia parece dispuesta a marcar el ritmo.