Las estructuras se levantarán en la plaza del Hidrógeno, sobre el eje de Dolores Barranco, y en la calle Evangelios. Cada una tendrá alrededor de diez metros de altura y cerca de trece de anchura, unas dimensiones que permitirán que el tráfico continúe pasando bajo ellas en estas vías del distrito.
Los arcos tendrán iluminación propia y elementos decorativos inspirados en la arquitectura tradicional china. Su llegada se ha retrasado respecto a los primeros calendarios, que llegaron a situar su estreno durante este verano, pero los trabajos avanzan ya con el objetivo de completar el conjunto durante las próximas semanas.
La intervención rematará una transformación urbana mucho más amplia que ya puede recorrerse a pie. El Ayuntamiento ha acondicionado un itinerario de unos 1,7 kilómetros entre Madrid Río y la plaza del Hidrógeno, ganando alrededor de 9.200 metros cuadrados para los peatones y encadenando siete plazas y espacios públicos.
A lo largo del paseo aparecen referencias a las culturas china y española: proverbios escritos en ambos idiomas, pavimentos decorados con carpas, motivos del horóscopo chino, vegetación y espacios infantiles. Entre ellos destaca un área de juegos presidida por un gran dragón, además de la escultura de un oso panda instalada anteriormente en el barrio.
La actuación persigue también un objetivo económico. Usera concentra buena parte de los restaurantes, supermercados y comercios vinculados a la comunidad china de Madrid y se ha convertido en un destino gastronómico cada vez más conocido fuera del distrito. El Ayuntamiento pretende aprovechar esa identidad para atraer visitantes hacia el sur y repartir parte de la actividad turística que tradicionalmente se concentra en el centro.
La transformación no está exenta de debate. Mientras comerciantes y parte de la comunidad china ven el Chinatown como una oportunidad para ganar visibilidad y actividad económica, algunas voces vecinales han cuestionado que la inversión turística responda a las necesidades más urgentes del distrito. El proyecto convive así con debates sobre vivienda, limpieza, comercio y presión inmobiliaria que también afectan a Usera.
Cuando se levanten definitivamente los dos paifang, el cambio será difícil de pasar por alto: quien llegue desde Madrid Río podrá recorrer el nuevo eje peatonal hasta alcanzar unas puertas monumentales que señalarán visualmente el corazón del Chinatown madrileño. Tras varios años de obras y elementos culturales repartidos por sus calles, Usera prepara para este otoño la pieza que faltaba en su nueva imagen.