Confirma tu correo electrónico para activar tu cuenta.

Una escultura de vidrio soplado revive la memoria de los lavaderos del Gòtic

Ciutat Vella suma este verano un plan distinto para quienes buscan arte sin entrar en un museo. El jardín vertical del Wittmore Hotel, en la calle de Riudarenes, acoge hasta el 14 de septiembre una instalación gratuita de cuatro metros que conecta el barrio Gòtic con una parte poco visible de su pasado.

MNEMÓSINE

Por · Barcelona ·

La obra se titula Mnemósine y está firmada por la artista Berta Blanca T. Ivanow, con comisariado de Dessislava Pirinchieva. Su punto de partida son los antiguos lavaderos públicos sobre los que se levanta el hotel, un recuerdo ligado a la vida cotidiana de muchas mujeres que trabajaron y socializaron en estos espacios.

La pieza utiliza vidrio soplado para reinterpretar los gestos de aquellas lavanderas anónimas. Antes de llegar al jardín, el proyecto pasó por bocetos, maquetas de arcilla y un trabajo artesanal desarrollado junto a Ferran Collado.

El resultado es una instalación que no busca imponerse al espacio, sino dialogar con él. La escultura se alza entre más de 3.000 plantas, en un entorno verde poco habitual en pleno centro histórico, donde cada metro cuadrado suele estar tomado por calles estrechas, terrazas, hoteles y flujo constante de visitantes.

Para quienes paseen por el Gòtic, la propuesta ofrece una pausa inesperada. No hace falta comprar entrada ni planear una visita larga: basta con acercarse al Wittmore Hotel y descubrir cómo el arte contemporáneo puede abrir una conversación con la memoria del barrio.

La instalación también puede contemplarse desde el restaurante Contraban, dentro del propio hotel. Esa segunda perspectiva permite ver la obra desde otro ángulo y entender mejor cómo se integra en el jardín vertical, uno de los elementos más singulares del edificio.

Mnemósine forma parte del Projecte 360º, una iniciativa con la que el Wittmore convierte cada año su jardín en una galería efímera. La idea funciona especialmente bien en Ciutat Vella, donde muchos espacios privados conservan capas de historia que rara vez se muestran al público.

Para Barcelona, la propuesta aporta algo sencillo pero valioso: una forma de mirar el Gòtic más allá de sus rutas habituales. Entre tiendas, turistas y calles saturadas, este rincón recuerda que el barrio también está hecho de memoria doméstica, oficios invisibles y pequeñas historias que todavía pueden salir a la luz.

Si has encontrado una errata o un error, selecciona el fragmento de texto que lo contiene y presiona Ctrl+


Miriam Lado
Miriam Lado
Editora cultural, periodista
Publicado ID48687

Recomendaciones