Solo el 53,6% de los centros residenciales de Barcelona cuenta con climatización dentro de los dormitorios. En el resto, el aire acondicionado se concentra en comedores, salas de estar y otros espacios comunes, de modo que durante la noche los residentes regresan a habitaciones donde resulta más difícil rebajar la temperatura.
La situación resulta especialmente delicada porque muchas de estas personas tienen una salud frágil y una menor capacidad para responder al calor. Las temperaturas elevadas durante la noche dificultan además el descanso y reducen las horas en las que el organismo puede recuperarse del calor acumulado durante el día.
La normativa no obliga actualmente a que cada habitación tenga aire acondicionado. El requisito se centra en evitar que la temperatura general del centro supere los 27 grados, mientras que los establecimientos anteriores a 2015 pueden estar sujetos a normas diseñadas cuando los episodios de calor extremo eran menos frecuentes.
Las residencias intentan compensarlo con protocolos que ya forman parte de la rutina veraniega: más hidratación, menos actividades durante las horas centrales y mayor permanencia en las zonas climatizadas. El plan POCS contempla además espacios que funcionen como refugios climáticos dentro de los centros y una vigilancia reforzada ante síntomas relacionados con el calor.
El problema aparece al caer la noche. Los residentes vuelven entonces a sus dormitorios y, en muchos edificios antiguos, los ventiladores son prácticamente la única herramienta disponible. Instalar sistemas de climatización completos puede exigir obras importantes y una inversión difícil de asumir para algunos centros.
La exposición no es menor. Un estudio de la Universitat Pompeu Fabra ha advertido de una mayor mortalidad asociada al calor extremo entre personas que viven en residencias que entre quienes permanecen en sus domicilios, una diferencia relacionada con factores como las condiciones térmicas de los edificios y la vulnerabilidad de sus residentes.
Las residencias construidas o reformadas en los últimos años parten con ventaja, pero una parte importante de la red sigue funcionando en inmuebles concebidos para un clima distinto. Con noches cada vez más difíciles de refrescar, el aire acondicionado en los dormitorios deja de ser una cuestión de comodidad: para los residentes más vulnerables, puede marcar cómo atraviesan las semanas más duras del verano barcelonés.