Más de 16.000 personas llenaron el Palau Sant Jordi en un concierto solidario por Palestina. La aparición inesperada de Rosalía revolucionó la noche. El evento reunió a grandes nombres de la música y mensajes de apoyo. Barcelona vivió una jornada única.
Barcelona vivió una de sus noches más intensas en el Palau Sant Jordi, donde más de 16.000 asistentes se unieron en un concierto solidario que puso el foco en la situación del pueblo palestino. La cita, eje central de la campaña Act x Palestine, no solo recaudó fondos para proyectos culturales y humanitarios en Gaza y Cisjordania, sino que también transformó el recinto en un espacio de reivindicación y arte colectivo.
El ambiente ya era eléctrico cuando artistas como Morad, Oques Grasses, Bad Gyal, Mushka, Lluís Llach, Fermín Muguruza, Amaia, Tinariwen y Aurora subieron al escenario. Sin embargo, el momento más inesperado llegó cuando Rosalía, sin previo aviso, irrumpió en escena. Vestida en blanco y negro y acompañada de un grupo reducido de músicos, la artista interpretó «La perla», desatando una ovación que retumbó en todo el Sant Jordi. Su regreso, tras tres años alejada de los escenarios, se convirtió en el instante más comentado de la noche.
El espectáculo, concebido como una ópera moderna, alternó actuaciones musicales con intervenciones audiovisuales, performances y discursos. Desde la apertura de puertas, el público fue testigo de una breve actuación de Sol Band, seguida de una conversación entre el actor Eduard Fernández y el activista gazatí Kayed Hammad. La emoción se mantuvo alta con la participación de Lina Makoul y Ana Tijoux, y con la intervención de Pep Guardiola, que subrayó la importancia de la solidaridad catalana con Palestina.
La escenografía, inspirada en una plaza mediterránea, sirvió de marco para que Natalia Ahmad Abu Shar agradeciera el apoyo de la ciudadanía en nombre de la comunidad palestina en Cataluña. La noche avanzó con actuaciones de Fermín Muguruza junto al grupo de danza Jafra Dabke, los tuaregs Tinariwen y una impactante performance de La Fura dels Baus, que simbolizó la opresión sufrida por el pueblo palestino.
El cartel, diverso y transversal, permitió ver colaboraciones únicas: Morad y Bad Gyal compartieron escenario, Oques Grasses emocionó con «La gent que estimo», y Mushka se unió a Guillem Gisbert. Cada intervención reforzó el mensaje de apoyo y la conexión entre la cultura catalana y la causa palestina.
La jornada dejó claro que Barcelona sigue siendo un referente en la defensa de los derechos humanos a través de la cultura, y que la música puede convertirse en un grito colectivo capaz de traspasar fronteras.
El Palau Sant Jordi, inaugurado en 1990 para los Juegos Olímpicos, se ha consolidado como el gran escenario de los eventos multitudinarios en Barcelona. Su versatilidad permite acoger desde conciertos internacionales hasta actos solidarios de gran impacto social. A lo largo de los años, ha sido testigo de momentos históricos para la ciudad, convirtiéndose en un símbolo de encuentro y expresión colectiva. Su ubicación estratégica y capacidad lo mantienen como epicentro de la vida cultural y social barcelonesa.