El perfil de quienes acceden a la basílica es mayoritariamente internacional. Destacan los visitantes procedentes de América, seguidos por turistas de China, Italia y Francia, una diversidad que se refleja en la actividad diaria de la zona y en el carácter global del entorno.
El impacto económico también es significativo. La Sagrada Familia generó 134 millones de euros en ingresos durante el año, de los cuales el 96% proviene de la venta de entradas. Una parte clave de estos recursos —113 millones— se destina directamente a las obras de construcción, mientras que el resto cubre gastos operativos y programas sociales impulsados por la propia institución.
Estas cifras no solo reflejan el atractivo del monumento, sino también su peso en la economía urbana. Comercios, servicios y actividades del entorno se adaptan a un flujo constante de visitantes que forma parte del día a día del barrio.
Más allá de los números, la Sagrada Familia sigue siendo un proyecto en evolución. Desde su inicio en 1882, la basílica ha acompañado la transformación de Barcelona y se mantiene como un símbolo que combina patrimonio, turismo y desarrollo social en la ciudad.