La convivencia con el CE Europa ha reducido espacios y modificado el funcionamiento habitual de la pista. El club asegura que la provisionalidad se ha convertido en permanente y que muchos entrenamientos se realizan ya en condiciones muy limitadas.
Entre las principales quejas aparecen la desaparición de elementos para salto y lanzamientos, problemas en las gradas y un deterioro general de equipamientos básicos. Padres y deportistas sienten que el atletismo ha quedado relegado frente al peso del fútbol dentro del complejo.
La protesta refleja además una preocupación más amplia sobre el deporte base en Barcelona. Las familias insisten en que la falta de instalaciones adecuadas afecta directamente a niños y jóvenes que entrenan cada semana en el barrio.
Desde el club piden recuperar espacios específicos para atletismo, mejorar vestuarios y gimnasio y estudiar nuevas soluciones permanentes para las gradas. También reclaman que las inversiones prometidas hace años se materialicen de una vez.
Can Dragó lleva décadas siendo uno de los grandes puntos deportivos del norte de Barcelona. Pero la presión por compartir instalaciones y la falta de adaptación a nuevas necesidades han convertido el complejo en símbolo de un debate que va más allá del barrio: cómo repartir espacio y recursos entre disciplinas deportivas en una ciudad cada vez más tensionada.