El conflicto no es nuevo. Los delegados de las familias recuerdan que empezaron a reclamar medidas en septiembre de 2024 y denuncian falta de respuestas concretas después de meses esperando un seguimiento de las temperaturas en las clases.
La petición llega en plena ola de calor, cuando muchas aulas se convierten en espacios difíciles para estudiar, atender o simplemente pasar la mañana. Para los padres, el problema ya no puede tratarse como una molestia puntual de final de curso, sino como una cuestión de salud escolar.
La dirección del centro asegura ser consciente de las condiciones climáticas extremas, pero apunta a la dificultad económica de acometer grandes obras estructurales en una escuela concertada. También defiende que los ventiladores ordinarios no son una solución adecuada en determinados escenarios de calor, por el llamado “efecto secador”, el ruido y el riesgo de aumentar la deshidratación.
El colegio sostiene que ya ha iniciado actuaciones de fondo, como la sustitución progresiva de cerramientos por ventanas con mayor aislamiento térmico y la instalación de aerotermia en el comedor, uno de los espacios comunes con más uso. Mientras tanto, aplica medidas organizativas del plan por altas temperaturas, como flexibilizar el uniforme, mover actividades a zonas de sombra y reforzar propuestas con agua.
El Ayuntamiento de Sant Adrià ha intervenido para intentar aliviar la situación, aunque recuerda que no tiene competencias directas dentro de los colegios concertados. Aun así, ha cedido el Casal de Cultura como espacio climatizado para que los alumnos puedan realizar allí actividades durante las horas más críticas.
La medida municipal sirve como respuesta inmediata, pero las familias insisten en que no basta. Lo que reclaman es una solución estable para el próximo curso, especialmente si los episodios de calor extremo vuelven a repetirse en junio, septiembre o incluso antes.
La protesta en Sant Adrià resume un problema cada vez más visible en el área de Barcelona: muchos colegios no están preparados para veranos más largos y temperaturas más altas. Cuando el calor entra en el aula, la discusión deja de ser solo educativa y pasa a tocar la vida diaria de niños, familias y docentes.