Bombers de la Generalitat atendió 1.407 avisos relacionados con la celebración. La mayoría fueron intervenciones por fuegos de poca entidad en vegetación, papeleras, contenedores, balcones o mobiliario urbano, aunque algunas actuaciones obligaron a movilizar más recursos por el riesgo para viviendas y vecinos.
El teléfono de emergencias 112 recibió más de 10.000 llamadas vinculadas a la verbena en toda Catalunya. El Barcelonès y el Vallès Occidental concentraron buena parte de la actividad, con Barcelona y L’Hospitalet de Llobregat como dos de los puntos con más avisos durante la noche.
En L’Hospitalet, uno de los incidentes más destacados se produjo en un balcón donde ardieron ropa y una caldera. El fuego obligó a intervenir a los equipos de emergencia en una noche en la que este tipo de avisos se repitieron en bloques de viviendas y calles densamente pobladas.
Badalona también vivió una intervención relevante por un incendio en un balcón. El Sistema d’Emergències Mèdiques atendió a diez personas, tres de las cuales fueron trasladadas en estado leve al Hospital Municipal. El episodio volvió a recordar el riesgo de lanzar o manipular pirotecnia cerca de fachadas, ropa tendida o elementos inflamables.
En Castellbisbal, los Bombers actuaron por un incendio en el garaje de una vivienda. Aunque la mayoría de avisos de Sant Joan suelen quedar en sustos o daños materiales, la acumulación de incidentes obliga cada año a mantener un dispositivo reforzado durante toda la noche.
La verbena mezcla tradición, fiesta y riesgo. En pocas horas, miles de petardos y hogueras se concentran en calles, plazas, patios y playas, lo que multiplica las posibilidades de pequeños incendios, quemaduras, sustos vecinales y llamadas de emergencia.
El área metropolitana suele ser el punto más exigente para los equipos de intervención. La alta densidad de población, los edificios con balcones, los contenedores en la vía pública y la intensidad de la celebración hacen que cualquier chispa pueda convertirse rápidamente en una incidencia.
La coordinación entre Bombers, 112, SEM, policías locales y otros servicios vuelve a ser clave para que la noche no derive en problemas mayores. Sant Joan es una fiesta esperada, pero también una prueba de resistencia para una ciudad que celebra mientras sus servicios de emergencia trabajan sin pausa.
El balance deja una imagen habitual del día después: restos de fiesta en la calle, contenedores dañados, balcones revisados y equipos recogiendo los últimos avisos de la madrugada. La verbena forma parte del calendario emocional de Barcelona, pero cada año recuerda que la celebración también exige responsabilidad para no convertir una noche festiva en una emergencia.