Ferran Martorell fue presidente del Espanyol durante unos meses en 1989, en un momento especialmente delicado para la entidad. Asumió el cargo tras la dimisión de Antoni Baró y lideró la transición institucional convocando las primeras elecciones democráticas del club, a las que decidió no presentarse.
Más allá de su etapa como máximo dirigente, su vinculación con el Espanyol se extendió durante décadas. Formó parte de la directiva durante 17 años y participó en decisiones clave para el crecimiento deportivo, como fichajes históricos y el impulso del fútbol base.
El RCD Espanyol ha destacado su compromiso y dedicación, subrayando que su legado queda ligado a una etapa de transformación y consolidación institucional. Para muchos aficionados, Martorell representaba una forma de entender el Espanyol basada en la continuidad, la identidad y el vínculo con la cantera.
Su figura también trascendió el fútbol. De profesión publicista, fue reconocido en su ámbito profesional y mantuvo siempre una relación estrecha con la vida cultural y social de Barcelona.
La muerte de Martorell deja un vacío en la memoria del espanyolismo. En un club que sigue mirando al futuro, su legado permanece como parte de una historia marcada por momentos de cambio y por personas que ayudaron a sostenerla en tiempos clave.