Barcelona transforma la recolección de naranjas amargas en un evento solidario. Ocho distritos participan este febrero. Las inscripciones ya están abiertas. La mermelada resultante ayuda a quienes más lo necesitan.
Durante una semana de febrero, las calles de Barcelona se llenan de vecinos armados con bolsas y guantes, dispuestos a recoger las naranjas amargas que cada año caen de los más de 3.300 naranjos repartidos por la ciudad. Esta tradición, que ya cumple seis ediciones, convierte lo que antes era un simple residuo en un motor de solidaridad y participación vecinal.
La iniciativa Barcelona Espigola, que este año suma a Sarrià-Sant Gervasi a los distritos habituales, invita a cualquier persona a inscribirse y sumarse a la cosecha urbana. El objetivo es claro: evitar que toneladas de fruta acaben en la basura y darles una segunda vida en forma de mermelada solidaria. El proceso es sencillo pero meticuloso. Tras la recogida, las naranjas pasan un control sanitario antes de llegar al obrador social donde se transforman en 'La Marga', una mermelada natural que se distribuye entre entidades que apoyan a personas en situación vulnerable.
El atractivo de la propuesta va más allá de la acción ecológica. Quienes participan reciben un bote de mermelada de la edición anterior, como pequeño reconocimiento a su implicación. El año pasado, más de 5.300 kilos de naranjas se convirtieron en cerca de 13.000 unidades de mermelada, repartidas entre quienes más lo necesitan. La inscripción es gratuita y se realiza a través de la web municipal o de la Fundación Espigoladors.
La normativa ambiental de Barcelona permite esta recogida siempre que se respete el entorno y se actúe de forma sostenible. La coordinación entre Parques y Jardines, los distritos y la Fundación Espigoladors garantiza que la actividad se desarrolle de manera segura y organizada. Sant Andreu, con el mayor número de naranjos de la ciudad, sigue siendo el epicentro de esta singular cosecha urbana.
Barcelona Espigola se ha consolidado como una cita anual que une a vecinos de todas las edades y barrios. Más allá de la mermelada, la experiencia refuerza el sentido de comunidad y el compromiso con una ciudad más sostenible y solidaria.
La Fundación Espigoladors, impulsora de esta iniciativa, lleva años trabajando para reducir el desperdicio alimentario en Barcelona. Su modelo se basa en la recuperación de frutas y verduras que no llegan al mercado, transformándolas en productos de calidad y generando oportunidades laborales para personas en riesgo de exclusión. Gracias a proyectos como Barcelona Espigola, la ciudad avanza hacia una gestión más responsable de sus recursos y una mayor cohesión social.