Barcelona se ilumina con las luces de Navidad. Pero no todos celebran igual. Muchos duermen en la calle. El consumo y la desigualdad marcan estas fechas. Descubre cómo la ciudad vive estas fiestas y qué reclaman sus vecinos.
Barcelona ya vive el ambiente navideño con la llegada de las luces y decoraciones en sus calles. Sin embargo, la ciudad muestra un fuerte contraste: mientras algunos disfrutan de celebraciones y abundancia, otros enfrentan la soledad y la falta de recursos, pasando las fiestas en la calle.
Desde principios de diciembre, las conocidas luces de Collboni anuncian la Navidad en Barcelona. En Badalona, el árbol más alto del mundo se convierte en símbolo de la temporada. Para muchos, la festividad ha perdido su sentido original y se ha transformado en un evento dominado por el consumo y la publicidad, dejando de lado el significado religioso o familiar.
La Fundació Arrels recuerda la otra cara de la Navidad: casi 2.000 personas duermen al raso en Barcelona, sin techo ni derechos. En Badalona, tras un fuerte temporal, el alcalde Albiol desalojó a más de 400 personas de un espacio donde se refugiaban. Estas acciones generan debate sobre la gestión social en estas fechas.
El problema de la vivienda sigue presente en Cataluña. Aunque existen pisos, los precios y los salarios impiden el acceso a muchos ciudadanos. Mientras tanto, desde el Ayuntamiento se lanzan mensajes de unidad y celebración, que muchos consideran alejados de la realidad.
Algunas voces proponen una Navidad diferente, centrada en la justicia social y el reparto de recursos. Se reivindica que la fiesta no sea un lujo ni un acto puntual de caridad, sino una oportunidad para exigir derechos y dignidad durante todo el año.
En otras culturas, como la maya, la Navidad no existe y se celebran otras tradiciones ligadas al sol y la vida. En Barcelona, la Navidad se ha convertido en un acto de sincretismo entre el consumo y la religión, perdiendo parte de su esencia original.