El agua vuelve a ser protagonista en Barcelona. Los embalses del sistema Ter-Llobregat están casi al máximo. Las lluvias recientes y el deshielo han disparado las reservas. La ciudad y su área metropolitana respiran con alivio. El nivel de los pantanos no se veía así en años.
Barcelona y su área metropolitana viven un momento inusual: los embalses que garantizan el suministro de agua están prácticamente llenos. Tras semanas de lluvias intensas y el deshielo en los Pirineos, el sistema Ter-Llobregat alcanza el 99,62 % de su capacidad, una cifra que no se recordaba en mucho tiempo y que cambia el panorama hídrico de la ciudad.
La Agencia Catalana del Agua ha confirmado que los principales pantanos que abastecen la capital catalana y parte de Girona almacenan en conjunto 591,84 hectómetros cúbicos. El embalse de Susqueda, en Girona, incluso supera su capacidad teórica, con un 101,86 % y 227,75 hectómetros cúbicos. La Llosa del Cavall, en la provincia de Barcelona, también rebasa el 100 %, mientras que Sau se sitúa en el 98,68 % y La Baells en el 97,15 %. Sant Ponç, en Lleida, alcanza el 92,68 %.
Este repunte en las reservas supone un alivio para los vecinos de Barcelona, acostumbrados en los últimos años a restricciones y campañas de ahorro. El agua almacenada garantiza el abastecimiento para los próximos meses y reduce la presión sobre el consumo diario en hogares, comercios y servicios públicos.
El sistema Ter-Llobregat es la columna vertebral del suministro de agua en Barcelona y su entorno. Nació para conectar los principales ríos y embalses de la región, permitiendo gestionar mejor los recursos hídricos y responder a las necesidades de una población en constante crecimiento. Su capacidad de adaptación ante episodios de sequía o lluvias intensas ha sido clave para la estabilidad del área metropolitana.