La apuesta no parte de cero. En esta zona ya conviven piezas de primer nivel como el Hospital Universitari de Bellvitge, el Institut Català d’Oncologia, el IDIBELL y la Universitat de Barcelona. La ambición municipal es ordenar ese potencial y conectarlo con nueva actividad empresarial vinculada a la biomedicina, los servicios avanzados, la innovación y el bienestar.
El alcalde, David Quirós, defendió esta estrategia en un encuentro con representantes del sector privado en el Hotel Porta Fira Santos. Su mensaje fue claro: L’Hospitalet tiene una posición difícil de replicar, junto a Barcelona, la Fira, la Zona Franca, el aeropuerto y algunos de los grandes centros sanitarios y de investigación de Catalunya.
Esa ubicación es uno de los argumentos centrales del proyecto. La proximidad al aeropuerto de El Prat y a los principales corredores metropolitanos permite imaginar una ciudad más conectada con la producción, distribución y desarrollo de soluciones sanitarias. Para el Ayuntamiento, esa ventaja logística puede ser clave para captar inversión.
El gran movimiento urbanístico llegará con el soterramiento de la Granvia entre la Rambla Marina y el río Llobregat. Las obras están previstas para principios de 2027 y, sumando los trabajos de urbanización, deberían culminar en 2031. Será una intervención decisiva para coser una zona que durante décadas ha funcionado como barrera urbana.
La reforma de la Granvia no solo cambiará la movilidad. También debe abrir nuevos espacios, mejorar la conexión entre barrios, generar zonas verdes y hacer más atractivo el entorno para empresas vinculadas a la salud y la investigación. La ciudad quiere que el eje deje de ser una frontera y pase a ser una puerta de entrada económica.
El proyecto se enmarca en el corredor Biopol-Granvia, una pieza metropolitana donde L’Hospitalet busca situarse junto a otros nodos sanitarios y universitarios. La futura llegada del nuevo Hospital Clínic a la Diagonal refuerza esa visión de una gran área de conocimiento médico conectada entre Barcelona y su entorno inmediato.
La transformación, sin embargo, no se mide solo en edificios o empresas. El Ayuntamiento quiere que el polo biomédico genere oportunidades laborales para los vecinos, especialmente para los jóvenes. En el norte de la ciudad, cerca de 8.000 jóvenes ni estudian ni trabajan, una cifra que convierte la formación profesional y la inserción laboral en un reto urgente.
Ahí entran perfiles técnicos que el sector ya empieza a reclamar: laboratorio, mantenimiento, logística sanitaria, administración especializada, tecnologías aplicadas a la salud o apoyo a la investigación. La clave será que el crecimiento del clúster no quede desconectado de los barrios que lo rodean.
La colaboración entre administración y empresa será decisiva. El consistorio insiste en que la inversión pública debe servir para activar inversión privada, pero también para garantizar que la nueva economía no expulse a quienes viven en L’Hospitalet ni convierta la ciudad en un simple espacio de oficinas.
El precedente de plaza Europa está muy presente. Hace 25 años, aquella transformación cambió el perfil económico de L’Hospitalet y multiplicó el empleo en una zona que hoy concentra hoteles, oficinas, ferias y actividad empresarial. Ahora, el reto es que el eje biomédico tenga un impacto similar o mayor.
La diferencia es que esta vez el proyecto se apoya en salud, investigación y conocimiento, sectores con capacidad para generar empleo cualificado y atraer talento internacional. Si funciona, L’Hospitalet podría dejar de ser vista solo como ciudad residencial metropolitana y reforzar su papel como nodo económico propio.
Para Bellvitge, Granvia y los barrios próximos, el cambio será profundo. Llegarán obras, nuevos flujos de movilidad, más actividad empresarial y una presión urbana que habrá que gestionar con cuidado. La promesa es más empleo, más conexión y más espacio público; la prueba será que esa promesa se note también en la vida diaria de los vecinos.
L’Hospitalet se juega así algo más que un proyecto económico. Se juega qué tipo de ciudad quiere ser en las próximas décadas: un territorio que solo acompaña el crecimiento de Barcelona o una pieza metropolitana con capacidad para liderar innovación, salud y oportunidades laborales propias.