¿Quién no ha sentido la tentación de mirar el móvil en un semáforo? En Cataluña, esa costumbre sale cada vez más cara: las multas por distracciones al volante han crecido casi un 37 % en solo dos años. Si en 2023 se registraron 20.211 sanciones, la cifra prevista para 2025 ya apunta a 27.603 conductores pillados in fraganti.
El principal enemigo, según los Mossos d'Esquadra, tiene nombre propio: WhatsApp. El uso del teléfono móvil mientras se conduce —y especialmente la mensajería instantánea— se ha convertido en la distracción estrella en las carreteras catalanas. No es solo una cuestión de llamadas: los mensajes, los audios y los grupos pueden costar muy caros si se leen o responden en marcha.
Ante este repunte, la policía autonómica no piensa quedarse de brazos cruzados. En las próximas semanas, los Mossos desplegarán seis macrocontroles en diferentes puntos de la red viaria catalana. El objetivo es claro: cazar a quienes no pueden esperar a llegar a destino para contestar un mensaje. No se han detallado fechas ni ubicaciones, pero la advertencia está lanzada.
El fenómeno de las distracciones al volante no es exclusivo de Cataluña, pero aquí las cifras han crecido con especial rapidez. Mientras la inversión extranjera en España sigue evolucionando, como se informó recientemente, la seguridad vial se enfrenta a su propio reto: lograr que la tecnología no se convierta en un peligro cotidiano en las carreteras.
Que las multas hayan subido tanto en tan poco tiempo no es casualidad. La vigilancia se ha intensificado y los hábitos de los conductores no siempre van al ritmo de la normativa. La inmediatez digital choca de frente con la paciencia que exige el volante. Si algo dejan claro los Mossos con estos nuevos controles es que el móvil, al menos mientras se conduce, tendrá que esperar.