Las históricas paradas de flores de la Rambla estrenan ubicación provisional. El traslado marca el inicio de una transformación urbana clave. Los nuevos quioscos estarán en la plaza Catalunya hasta 2026. El cambio afecta a comerciantes y paseantes.
El paisaje cotidiano de la Rambla cambia esta semana: las tradicionales paradas de flores se trasladan a la plaza Catalunya. Ocho nuevos quioscos, diseñados para adaptarse a la actividad de los floristas, ocuparán el lateral entre la calle Bergara y la calle Pelai. Esta mudanza, que se mantendrá hasta mediados de 2026, responde a la esperada reforma integral de la Rambla, una de las arterias más emblemáticas de Barcelona.
El traslado no solo afecta a los comerciantes, sino también a quienes pasean a diario por el centro. Los nuevos quioscos, fabricados en acero y fibra de vidrio, cuentan con grandes ventanales, ventilación cruzada y rampas móviles para garantizar la accesibilidad. Los colores y acabados han sido elegidos para integrarse en el entorno urbano, mientras que la instalación eléctrica y de agua ya está preinstalada para facilitar el trabajo de los floristas.
La única excepción será el histórico quiosco de Flors Carolina, en el número 93 de la Rambla, que conservará su ubicación y formato original por su valor patrimonial y su diseño premiado. El resto de floristas, tras un acuerdo con el Ayuntamiento y el Institut Municipal de Mercats de Barcelona, mantendrán su actividad habitual en la plaza Catalunya hasta que finalicen las obras y puedan regresar a su emplazamiento definitivo.
El cambio de ubicación se produce tras la retirada, en octubre de 2024, de las siete paradas de flores en desuso que ocupaban el tramo central de la Rambla. También se han desmontado las antiguas paradas de pajareros, vacías desde hace meses, para despejar el paseo y reorganizar los elementos urbanos. El objetivo es claro: devolver a la Rambla su carácter genuino y potenciar su papel como eje cultural de la ciudad.
La mudanza de las floristerías coincide con otras actuaciones en la zona, como la reordenación de terrazas de restauración, en un esfuerzo por modernizar y revitalizar el corazón de Barcelona sin perder su esencia.
La Rambla, más allá de su fama turística, ha sido siempre un punto de encuentro para barceloneses y visitantes. Sus floristerías, presentes desde el siglo XIX, forman parte del imaginario colectivo de la ciudad. La reforma actual busca equilibrar tradición y modernidad, garantizando que estos comercios emblemáticos sigan siendo protagonistas en el futuro paisaje urbano.