El momento más delicado llegará durante la madrugada. El litoral de Barcelona tiene activo un aviso amarillo por lluvias y tormentas hasta las 6 de la mañana, con posibilidad de precipitaciones intensas, granizo y rachas fuertes de viento. Una combinación especialmente incómoda para unas decoraciones que llevan semanas instalándose al aire libre.
La situación debería mejorar conforme avance el sábado. Por la mañana todavía pueden aparecer algunos chubascos, pero durante la tarde se esperan claros y periodos de sol. Las temperaturas se moverán aproximadamente entre los 22 y los 29 grados, lejos del calor nocturno extremo que Barcelona ha sufrido durante buena parte de agosto.
El domingo 23 volverá a subir ligeramente el termómetro, con una máxima cercana a los 30 grados y una mínima de 23. Habrá humedad y posibilidad de algún chubasco durante la tarde, así que las actividades en la calle seguirán dependiendo de una meteorología que puede cambiar rápidamente.
El lunes 24 aparece ahora como otra de las jornadas más inestables del arranque de las fiestas. Se esperan cielos bastante cubiertos y chubascos, con temperaturas alrededor de los 30 grados durante el día. Para las comisiones de fiestas, la preocupación no está únicamente en tener que mover una actividad: el agua puede deteriorar decorados construidos durante meses con cartón, papel, madera y materiales reutilizados.
A partir del martes la situación cambia. La previsión apunta a más sol y un repunte importante del calor, con máximas que podrían alcanzar los 34 grados. El miércoles seguiría el ambiente cálido y húmedo, mientras que el jueves volvería a existir posibilidad de algunos chubascos, especialmente durante las primeras horas.
La previsión para el tramo final de la fiesta todavía tiene demasiada incertidumbre para dar por seguras lluvias o jornadas completamente despejadas. A varios días vista, pequeños cambios en la evolución atmosférica pueden desplazar los chubascos unas horas o hacerlos desaparecer, por lo que convendrá consultar el pronóstico antes de salir hacia Sants.
El agua amenaza así con colarse en el estreno, pero por ahora no parece capaz de arruinar todo el fin de semana. La escena más delicada llegará antes de que buena parte del barrio despierte: tormentas durante la madrugada, vecinos comprobando sus decoraciones a primera hora y, si el cielo da tregua, calles de Sants llenándose de gente desde la tarde.