La decisión se tomó en una asamblea celebrada en la Biblioteca Can Fabra, donde la plantilla votó mayoritariamente seguir con la protesta. Los trabajadores reclaman mejoras laborales y salariales, además de un reconocimiento más claro de su papel profesional dentro de la red pública.
El comité de empresa acusa al Ayuntamiento de no haber abierto una negociación real. También reclama que se cumpla la propuesta aprobada el 16 de junio en la Comisión de Drets Socials i Cultura, que instaba a impulsar el diálogo para abordar las condiciones del personal bibliotecario.
La tensión ha aumentado porque, según el comité, el gerente de Recursos Humanos del Ayuntamiento todavía no ha accedido a sentarse a negociar. El Departament de Treball ha convocado una nueva mediación para este jueves, después de que la anterior no pudiera celebrarse por la ausencia de la empresa.
La huelga empezó el 26 de mayo, tras varias jornadas de paros parciales y huelgas de 24 horas que ya se habían iniciado en abril. Desde entonces, la actividad diaria de las bibliotecas se ha visto alterada en distintos puntos de la ciudad.
El impacto se nota especialmente en verano. Muchas personas usan las bibliotecas para estudiar, trabajar, leer, conectarse a internet o simplemente pasar un rato en un espacio tranquilo. También funcionan como refugio climático, algo cada vez más importante durante los episodios de calor intenso.
La red de bibliotecas tiene un papel muy pegado a la vida de barrio. No son solo salas de lectura: acogen talleres, clubes, actividades infantiles, encuentros culturales y servicios básicos para vecinos que no siempre encuentran esas opciones en otros equipamientos.
La mediación de los próximos días puede marcar el rumbo del conflicto. Si no hay avances, Barcelona encara un verano con parte de su red bibliotecaria bajo presión, justo cuando estos espacios se vuelven más necesarios para estudiar, refugiarse del calor y mantener viva la actividad cultural de proximidad.