La ceremonia se celebró el 10 de junio de 2026, justo cien años después de la muerte de Antoni Gaudí. La fecha no fue casual: la culminación de la torre central une el homenaje al arquitecto con uno de los hitos más esperados de una obra iniciada en 1882.
Con sus 172,5 metros de altura, la Torre de Jesucristo convierte la Sagrada Família en la iglesia más alta del mundo. Su cruz de cuatro brazos, visible desde distintos puntos de Barcelona, refuerza el peso de la basílica en el perfil urbano de la ciudad.
La bendición llegó durante una misa solemne presidida por León XIV, con presencia de autoridades, representantes religiosos y miles de personas siguiendo el acto dentro y fuera del templo. El Papa habló de la torre como una imagen de unión entre cielo y tierra, en una jornada cargada de simbolismo religioso, cultural y arquitectónico.
Tras la ceremonia, la iluminación de la torre marcó el momento más esperado. La Sagrada Família dejó de ser solo una obra en proceso para mostrar por primera vez el remate vertical que Gaudí había imaginado como centro espiritual y visual del conjunto.
El hito no significa que la basílica esté completamente terminada. Todavía quedan trabajos pendientes, especialmente en la fachada de la Gloria y en el entorno exterior, pero la culminación de la torre central supone uno de los avances más importantes de toda la construcción.
Para los vecinos del Eixample, la jornada también tuvo una lectura muy urbana. La visita papal implicó controles, cortes, restricciones de movilidad y una fuerte presencia de visitantes en una zona ya acostumbrada a convivir con la presión turística de la basílica.
La Torre de Jesucristo iluminada abre una nueva etapa en la relación de la ciudad con su monumento más reconocible. La Sagrada Família seguirá en obras, pero desde ahora su punto más alto ya brilla sobre el skyline como una señal visible de perseverancia, memoria y ambición arquitectónica.