El cambio responde a una reivindicación histórica del vecindario del Camp de l’Arpa del Clot. Para generaciones de residentes, la plaza siempre ha estado asociada a las tortugas, un elemento que marcó la infancia de muchos.
El origen del nombre se remonta a los años 50, cuando se instalaron juegos infantiles de cemento con forma de tortuga. Estas estructuras se convirtieron en punto de encuentro y en el centro de la vida del barrio en una época con pocos espacios de juego.
Aunque las figuras originales desaparecieron en los años 80 por motivos de seguridad, su recuerdo ha permanecido. Hoy, una escultura mantiene viva esa referencia y refuerza la identidad del lugar.
El cambio de nombre no se queda solo en lo simbólico. Algunas entidades locales ya plantean recuperar parte de aquellos elementos para reforzar el vínculo entre pasado y presente.
Este tipo de decisiones tiene impacto directo en la vida de barrio. Refuerza la identidad local, recupera historias compartidas y da valor a espacios cotidianos que forman parte de la memoria colectiva de quienes viven en la ciudad.