La violinista Asia situó el concierto en un lugar cargado de historia para rendir homenaje a los presos del tardofranquismo. La pieza miraba directamente a 1973, cuando Pere Portabella y Carles Santos estuvieron detenidos en La Modelo y Santos llegó a interpretar Bach en un piano desafinado dentro de aquel entorno de encierro.
Ese gesto sirve como punto de partida para una propuesta que no busca reproducir el pasado, sino hacerlo resonar de otra manera. Asia recoge la memoria de aquel Bach imperfecto y la lleva hacia un lenguaje contemporáneo, físico y experimental, donde el sonido parece salir tanto de los músicos como del propio edificio.
El público, situado en el panóptico, asistió a una transformación progresiva del espacio. Un percusionista recorría las galerías golpeando puertas, barrotes y paredes, creando un ritmo seco e irregular que recordaba que La Modelo no es un escenario neutro, sino un lugar atravesado por vidas, vigilancia y encierro.
En una de las galerías, ocho tubistas con bombines rojos y la propia Asia, vestida de blanco y rojo, componían una imagen de fuerte carga visual. El diálogo entre el violín y las tubas llenaba la prisión de sonidos graves, agudos y vibraciones que se filtraban por las celdas abiertas.
La arquitectura funcionaba casi como un instrumento más. Los pasillos prolongaban las notas, las puertas devolvían golpes metálicos y las celdas modificaban la percepción del sonido. La experiencia obligaba a escuchar el edificio desde dentro, como si sus muros todavía guardaran ecos pendientes.
La pieza, dividida en siete movimientos y con una duración cercana a una hora, mezcló homenaje, performance y recorrido sensorial. Las octavillas cayendo desde lo alto y los cuerpos tumbados en el suelo para captar mejor las resonancias reforzaban la idea de una obra pensada para ocupar el espacio entero.
La noche deja una imagen poderosa de la nueva vida cultural de La Modelo. Donde antes hubo encierro, ahora hay memoria activa; donde una vez sonó Bach en condiciones precarias, hoy resuena una música que no busca suavizar el pasado, sino mirarlo de frente y recordarle a Barcelona que sus edificios también tienen voz.