Aquellas jornadas reunieron a cerca de 4.000 mujeres en plena Transición, cuando muchas reivindicaciones todavía venían de décadas de silencio impuesto por la dictadura. Durante cuatro días se debatió sobre trabajo, educación, sexualidad, familia, derechos políticos, violencia, igualdad y libertades. No fue solo una reunión académica o militante: fue la entrada del feminismo en el debate público catalán.
La exposición recupera ese momento a través de fotografías, documentos, libros, materiales de archivo y testimonios. El recorrido permite entender el ambiente de urgencia, entusiasmo y discusión colectiva que se vivió entonces, cuando mujeres de perfiles muy distintos —obreras, universitarias, sindicalistas, amas de casa, profesionales y activistas— compartieron espacio y palabra.
La muestra no se queda en la nostalgia. Su interés está en poner aquellas demandas frente al presente: qué se ha conseguido, qué se ha normalizado y qué debates siguen abiertos medio siglo después. Las Jornades plantearon cuestiones que hoy parecen básicas, pero que en 1976 suponían romper con el orden social heredado del franquismo.
El 50 aniversario llega además acompañado de otros actos, publicaciones y jornadas feministas que buscan recuperar el espíritu crítico de aquel encuentro. Diferentes instituciones y colectivos han impulsado actividades para revisar el legado de las Jornades y conectar sus debates con los retos actuales del movimiento feminista.
La exposición de La Model podrá visitarse hasta el 31 de julio, con entrada gratuita. El espacio elegido añade una lectura potente: una antigua cárcel convertida en equipamiento cultural que ahora acoge una muestra sobre libertad, derechos y transformación social.
La historia de las Jornades Catalanes de la Dona también recuerda algo que a menudo se olvida en los relatos de la Transición: la democracia no se construyó solo en despachos, partidos o pactos institucionales. También se abrió paso en asambleas, debates, carteles, libros, barrios y encuentros donde miles de mujeres exigieron ser escuchadas. Volver a esas jornadas desde La Model no es solo mirar atrás; es preguntarse qué memoria feminista conserva Barcelona y qué lugar quiere darle en su presente.