El plan se aplicará de forma progresiva y dará prioridad a los centros con más alumnado con necesidades médicas. La idea es que la enfermera escolar no sea solo una figura para emergencias, sino también un apoyo cotidiano para alumnos, docentes y equipos directivos.
La decisión llega después de una prueba piloto en Granollers, donde la presencia de personal sanitario en los centros ha servido para atender incidencias, acompañar a estudiantes con enfermedades crónicas y mejorar la coordinación entre escuela, familia y sistema de salud.
El objetivo del Departament d’Educació es extender la figura a todos los centros catalanes durante el curso 2027-2028. Hasta entonces, la implantación se hará por fases, con especial atención a los colegios e institutos donde la demanda sanitaria es más alta.
Para muchas familias de Barcelona y del área metropolitana, la medida puede reducir una preocupación diaria. Tener una enfermera en el centro facilita la gestión de alergias, diabetes, epilepsia, medicación pautada u otras situaciones que hasta ahora dependían muchas veces de protocolos, llamadas o desplazamientos urgentes.
La presencia de personal sanitario también puede ayudar a los docentes. Muchos profesores se enfrentan a situaciones de salud para las que no siempre tienen formación específica, pese a ser los primeros adultos disponibles cuando ocurre algo dentro del aula o en el patio.
Además de la atención directa, las enfermeras podrán participar en campañas de prevención, educación para la salud y hábitos saludables. Eso abre la puerta a trabajar temas como alimentación, higiene, salud emocional, actividad física o primeros auxilios desde el propio entorno escolar.
La llegada de enfermeras a las escuelas refleja una realidad cada vez más evidente: los centros educativos ya no son solo espacios de aprendizaje académico. También son lugares donde se cuida, se detectan problemas y se acompaña a niños y adolescentes durante muchas horas del día.