Más de mil flores artesanales decoran los balcones en una tradición iniciada en 2016 que cada año atrae a miles de personas al Passeig de Gràcia. Para evitar las horas de mayor afluencia, el 22 de abril se perfila como el mejor momento para disfrutar de la fachada en todo su esplendor.
El montaje no es solo estético. La arquitectura del edificio dialoga con la leyenda de Sant Jordi: el tejado evoca al dragón, la cruz simboliza la lanza y los balcones sugieren las huellas del animal vencido. En el interior, el vestíbulo se cubre de rosas naturales y se suma una experiencia olfativa que refuerza el carácter sensorial de la visita. La Casa Batlló, situada en pleno Passeig de Gràcia, se convierte durante estos días en uno de los puntos más fotografiados de la ciudad.
La combinación de arquitectura, tradición y color la consolida como uno de los grandes iconos de la diada. Durante Sant Jordi, el flujo de personas en esta zona del Eixample se dispara y modifica la dinámica habitual del barrio. Pasear por el centro se convierte en una experiencia más intensa, con calles llenas de libros, flores y visitantes que transforman el ritmo cotidiano de la ciudad.