El presidente ha apuntado especialmente al partido de ida, donde considera que no se señaló un penalti a favor del Barça y que una expulsión fue excesiva. También cuestiona la intervención del VAR, que transformó una tarjeta amarilla en roja en un momento clave del encuentro.
En la vuelta, las críticas se han centrado en otra expulsión que el club considera injustificada, además de varias jugadas polémicas. Entre ellas, un gol anulado, un posible penalti no señalado y una acción que Laporta interpreta como agresión sin sanción.
El club presentó una queja formal ante la UEFA, pero esta fue rechazada al no ser admitida a trámite. La respuesta ha aumentado la tensión entre ambas partes y ha llevado al Barça a pedir explicaciones públicas.
El episodio ha vuelto a colocar el arbitraje en el centro del debate futbolístico. La eliminación no solo deja fuera al equipo de la competición, sino que también abre un nuevo frente institucional.
La polémica se traslada a bares, redes y conversaciones del día a día, donde el partido sigue generando debate. También influye en el ambiente deportivo de la semana, con más atención mediática y seguimiento de decisiones arbitrales. Para muchos aficionados, la sensación de injusticia marca cómo se vive la eliminación más allá del resultado. El caso reabre un debate recurrente sobre el papel del arbitraje en competiciones europeas.